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Basándose el los estudios realizados por Heinrich Hertz en años anteriores sobre la Teoría de Maxwell de propagación de ondas electromagnéticas, y utilizando la bobina que Nicola Tesla había inventa poco antes, el italiano Guglielmo Marconi comienza a trabajar en 1894 en un aparato que podía emitir y recibir comunicaciones sin necesidad de cables.

Marconi realizó numerosos experimentos, aumentando poco a poco la distancia de la transmisión. Descubrió que si conectaba a tierra uno de los extremos del transmisor, y el otro extremo a una varilla larga, entonces las ondas parecían ser guiadas alrededor de la superficie terrestre, manera con la que logró transmisiones a través de distancias increíbles para su época.

El aparato transmisor consistía en un transformador cuyo secundario se hallaba conectado por un extremo a una varilla o antena y por el otro a tierra. Al cerrar el interruptor la corriente que circulaba por el circuito variaba con el tiempo, por lo que el primario del transformador inducía una corriente en el secundario. La relación de vueltas en el transformador era tal que en el secundario se generaba un alto voltaje, dando lugar a que la antena radiara ondas electromagnéticas. Al llegar estas ondas al receptor eran captadas por una antena, por lo que circulaba una corriente variable invirtiéndose el proceso. Así se podían transmitir señales codificadas, por ejemplo en código Morse, que fue lo que hizo Marconi.

A pesar de lo maravilloso que resultó esta aplicación del electromagnetismo, lo único que se podía transmitir era un serie de zumbidos de duración variable; es decir, telegrafía. No era posible enviar palabras o música, o sea que no era todavía telefonía. Para lograr esto último hubo que esperar al inventó de los bulbos o válvulas termiónicas.

La ionósfera, capa situada entre 80 y 300 km de altura sobre la superficie terrestre y compuesta de electrones, controla las comunicaciones por medio de ondas electromagnéticas, y establece los límites, tanto superior como inferior, al valor de las frecuencias que se pueden usar. Estas comunicaciones ocurren en la llamada banda de onda corta o de amplitud modulada (AM). Hay otro tipo de comunicaciones en las que se utilizan señales de frecuencia modulada (FM).

La ionósfera permite que las ondas de radio puedan a lugares muy distantes al rebotar éstas en ella.

La ionósfera no es una capa estática, tiene variaciones debido a que la densidad de los electrones que hay en ella varía. Estas variaciones dependen de diversas circunstancias: del lugar, el momento del día, la actividad solar, etc., lo que en ocasiones causa que haya malas comunicaciones.